¿Qué diferencia hay entre un psicoanalista y un psicologo?
Un psicoanalista toma al síntoma como un aviso de que algo no anda bien, un signo que esta “llamándonos la atención” sobre la necesidad de replantearnos quienes somos y que hacemos para poder de esta manera dejar de padecer el malestar que tenemos. De esta manera, no tiene como objetivo primario hacer desaparecer al síntoma, dado que este le brinda al sujeto información invaluable sobre si mismo, para poder saber sobre si y qué lo llevo a tener este malestar. Esta perspectiva apunta a un cambio en la manera de ser y relacionarse que invariablemente conducirá a la desaparición del síntoma tal como se presentaba inicialmente.
Un psicólogo, en líneas generales, va a apuntar a quitar el síntoma, con una serie de técnicas, hipótesis y/o recomendaciones. Es decir que no apunta a un cambio del “ser” y la manera de vincularse, sino que apunta a “tener” una serie de herramientas para poder paliar el malestar. Tomando esta perspectiva, se corre el riesgo de que el problema previo (síntoma), surja con otra modalidad (otro tipo de síntoma), dado que el “ser” (la manera de ser) de la persona en cuestión no se vio modificada.
Ahora bien, para poder explorar el propio ser, para poder realizar un psicoanálisis, es necesario que la persona se encuentre “no desbordada”, por lo cual, si el síntoma no permite “vivir”, incluso un psicoanalista aplicará una serie de procedimientos con la intención de que la persona alivie el malestar y de esta manera le sea posible hablar sobre lo que le ocurre, pueda explorar sus maneras de vincularse y de “ser”. En este sentido, estas técnicas tienen el mismo propósito que la medicación: facilitar las condiciones para realizar un tratamiento terapéutico.
Tratamiento psicoanalistico
La técnica psicoanalítica
Para el psicoanálisis, los conflictos tienen sus raíces en el inconsciente que no es observable por el paciente... Uno de los objetivos del proceso terapéutico es vencer las resistencias: se trata de modos de tratarse a si mismo aprendidos en la temprana infancia que impiden que la persona conozca aspectos y tendencias de si mismo que fueron rechazados por suponer que eran peligrosas, y que por este hecho solo “sin querer” surgen en la conciencia a través de “lapsus” (decir o hacer algo que contradice lo que uno quería decir o hacer), sueños, en la misma relación con el terapeuta, o en los chistes. El psicoanalista utilizará fundamentalmente para llevar a cabo el tratamiento, “la asociación libre”, “la transferencia” y la “interpretación” de lo que el paciente dice, o menor dicho, de lo que dice sin querer, y posiblemente de algún sueño. Sin embargo, estos procedimientos pueden ser complementados, si es necesario, con medicación y/o la aplicación de técnicas adecuadas para cada caso: técnicas para reducir sintomatología grave, para el tratamiento de patologías del consumo (drogas), tratamientos grupales, etc.
La asociación libre consiste en que el paciente ponga en palabras lo que le venga a la mente, sus ocurrencias, sus asociaciones, sin desvalorizar ninguna ocurrencia, dejando la critica de lado, no rechazando una idea por desagradable o chocante.
El psicoanalista Donald Winnicott subraya la importancia de "que el analista no conozca las respuestas, excepto en la medida en que el paciente dé las claves. El analista toma las claves y hace las interpretaciones".
Cuando se habla de transferencia, se hace referencia al hecho de que el paciente transfiere, reedita, reproduce sobre la persona del analista formas vinculares, demandas de amor u odio que en verdad fueron experimentadas en la primera infancia en relación a los padres o alguien significativo. La transferencia se vuelve una de la mejores vías para hacer consciente lo inconscientes porque se puede observar en acto los modos vinculares del paciente. Al poder observarse estos modos de relacionarse, se proporciona al sujeto las condiciones de rectificar ese modo de ser y vincularse antiguo, pero que por permanecer inconsciente so volvía inmodificable. Dicho en otras palabras: La cura pasa por el descubrimiento de los modos vinculares problemáticos del paciente, actualizados y puestos en acto en la misma relación con el terapeuta, generando un espacio de elaboración de estos tipos vinculares, permitiendo que el paciente pueda generar un nuevo modo vincular por y para si mismo.
Promueve un cambio profundo en la personalidad a través de la observación de sus conflictos puestos en juego en la relación con el terapeuta. Se apunta a comprender la problemática del paciente para luego poder desmitificarla, cuestionarla, descomprenderla en el sentido de romper con esos argumentos o sentidos que provocan el sufrir de la persona.
Se le brinda al paciente un alto protagonismo en el proceso, dado que es el mismo quien descubrirá sus modos vinculares y las motivaciones reales de sus conflictos: de esta manera se permite ir descubriendo gradualmente la responsabilidad personal o subjetiva en relación a los estados internos o acontecimientos vividos.
Este proceso suele estar acompañado por un trabajo sobre las tendencias que se encuentran en todos los seres humanos a ser resistentes al cambio.
La terapia psicoanalítica actúa en dos niveles: modifica la conciencia y actúa directamente sobre el inconsciente a través de transformación de las relaciones internas de objeto mediante el vínculo terapéutico.
Aplicable a todos los cuadros clínicos, debiéndose adaptar a las características particulares de cada problemática.